Ser sensible, no es ser débil

Hace unos meses escribía sobre todo aquello que vamos dejando a quienes se cruzan en nuestro camino, en ocasiones son buenos recuerdos, otras veces sinsabor. Algo que me marcó hace un par de años en una pasajera relación fue cuando llego el caos, él me repitiera constantemente que yo era débil. Me llamaba débil por llorar ante ese caos que precisamente él había provocado, débil por la ansiedad que me generaba el sabotaje que hacía a mi vida, por ser capaz de querer en lo que decía era poco tiempo y sufrir el que no estuviera recibiendo más que mentiras de vuelta. Llega un momento cuando te repiten tanto algo que empiezas a tomarlo como tu verdad, y si no despiertas a tiempo, te puede llevar al fondo. Afortunadamente ese no fue mi caso, un buen día me dije, no, no soy débil, recordé momentos de mi vida que fueron de más impacto y sobreviví a ellos.

Lo que más recuerdo, es cuando me dijo que si seguía así siempre sufriría por el resto de mi vida. En retrospectiva, he llevado una vida como mencione en otra entrada: en la que he sufrido menos, pero con más intensidad. Esto lo puedo traducir a que he sentido con mayor intensidad, y sentir con intensidad, no es ser débil. Es como ese pensar de “los hombres no pueden llorar”. Cuando desperté y me dije: basta, no soy débil, encontré mi respuesta… Sí, soy muy sensible. La piel se me pone china con algunas canciones; puedo llorar de felicidad, de tristeza, cuando recibo la noticia de un conocido que murió aunque tuviera meses sin hablar con el o cuando muere la mascota en la película; me enojó si me mienten, si maltratan un niño o un animal; soy inmensamente feliz estando frente al mar, me desconecto frente a un atardecer y cuando te veo cantar con guitarra a mano… Por qué, porque estoy sintiendo intensamente cada uno de esos momentos.

Al final, que me repitiera tantas veces que era débil termino dándome la fuerza necesaria para decir adiós prontamente. Con una lección bien aprendida y una inseguridad menos. No somos débil por llorar, por decir que no estamos bien, por sentir ansiedad y buscar ayuda. No somos débil por sentirnos vulnerables ante una ruptura, por vivir un duelo. Claro esta, cuando se trata de sentir dolor, lo importante es no quedarse ahí y si sientes que no encuentras la salida, una ayuda nunca estará de más. Entendí que ser sensible, no es ser débil.

A la antigua

Fui criada a la antigua, posiblemente algo parecido a como mi madre fue criada, con algunas modificaciones y muchas restricciones, especialmente de adolescente. Soy la menor de cinco, la sorpresa no esperada después de once años. Tal vez allí nació el motivo, los errores de mis hermanos trataron de corregirlos en mi. Tenía que ser la versión mejorada de cuatro. Sé que hasta ahora lo he pintado muy mal, pero la verdad es que luego le veo sus bondades.

Por supuesto lo odie de adolescente, tenía todo, pero a la vez sentía faltantes. Aquello de, primero el estudio y luego el novio, y cada cosa en su momento, siempre prevaleció. Las fiestas no fueron muchas, pero muy disfrutadas. Cuando llegaron los 18 las restricciones se fueron levantando poco a poco, algunos momentos los viví con retraso y posiblemente, algunos nunca los experimente. Tal vez no tuve tantos tropiezos como los demás porque fueron retrasados y cuando los tuve más tarde, dolieron más. Eso sí, creo que todo ello me llevo a desarrollar mi buen juicio, en un principio por la presión de mis padres, el temor al regaño y las consecuencias. Luego se me dio natural. Los excesos dañinos nunca se me han dado. Aprendí que no se trata de cuantos momentos, si no de la calidad de esos momentos. Mientras los tan envidiados grupos de amigos de exceso de aquella época se disiparon, mis amigos de momentos aún seguimos en el mismo camino, disfrutando igual y mejor que antes.

Al final, he llevado buena vida hasta ahora. He sufrido menos, pero con más intensidad. Los errores, malas decisiones y arrepentimientos de pronto no han sido tantos. Con una disciplina que me ha llevado por el buen camino profesional. Desarrolle mi gusto por placeres más simples en mis momentos de soledad producto de las ausencias de aquel tiempo. A decir no, cuando no me apetece y a mantener el control cuando las cosas no salen como se esperan. Con los años y los pocos daños, a la antigua lo bueno le veo.

Abril 2020

Este mes no ha sido de gran diferencia al mes anterior, continúa la misma situación de confinamiento, donde todos los días parecen igual, donde se perdió el sentido del tiempo, aunque en algunos lugares ya se empieza a ver a lo lejos, la luz al final del túnel. Mientras tanto, seguimos extrañando ese contacto físico, los abrazos, las noches de amigos y esas reuniones que en muchas ocasiones sentimos tan pesadas.

Como muchos, me toco celebrar mi cumpleaños en medio de esta cuarentena, si algo me ha enseñado este tiempo, es que los planes quedan en la nada. Pero eso no quiere decir que el momento este arruinado, por lo contrario, creo que la situación hace que valoremos realmente la fecha, no hay espacio para los regalos materiales, grandes fiestas o reuniones, gana la improvisación, los detalles obtenidos de tu esfuerzo y creatividad. Por mi parte, recibí sorpresas muy inesperadas, fue un día de charla tendida con algunas personas quienes tenía tiempo que no lo hacía, estar en cuatro paredes ha hecho que salgamos de los mensajes vacíos.  

Por otro lado, personalmente, fue un mes en el que invertí al estudio, le di alas a empezar con algunas metas que tenía en pausa desde hace algún tiempo, aprovechando que el tiempo es ahora lo que nos sobra. Un mes de retos, crecimiento profesional y personal, de aceptar la nueva normalidad.

Por último, ¡Feliz día del trabajo! El mantenerse en una pausa momentánea, no resta la labor, hoy el trabajo y la responsabilidad es desde casa.   

 

 

Detalles

Llega un punto en que ves la vida con otra perspectiva, lo que hace algún tiempo te parecía importante, pasa a segundo plano. Entonces empiezas a disfrutar de los momentos, de las personas, los que están, los abrazos, las palabras, la atención y el estar. Aprecias que las lejanías se hagan cortas, la conexión con el otro, que te escuchen más que te oigan. Apuestas por las experiencias y por crear nuevos recuerdos. Empiezas a agradecer los pequeños detalles, al final son esos los que te hacen vivir, pero sobre todo, los que te hacen sentir.

Marzo

Definitivamente un mes para recordar, nos enseñó que por más seguros que nos lleguemos a sentir existen enemigos silenciosos que pueden cambiar todo en un segundo, nos mostró lo vulnerables que podemos ser y que, las distancias se pueden hacer cortas y las fronteras pueden desaparecer para compartir un mismo sentir. Hemos tenido que alejarnos de nuestras rutinas para crear nuevas, decir un hasta luego a seres queridos, algunos están pasando más tiempo con sus familias, más tiempo del que llegaron a compartir antes, mientras que otros están aprendiendo a  conocerse y compartir con su soledad.

A nivel personal, en un inicio fue un mes de crecimiento profesional, algo que me ha servido en este tiempo de confinamiento para mantenerme ocupada, creo que esto es lo más importante en estos momentos, en mi caso las pausas pueden despertar ansiedad, más ahora que me enviaron a casa, el mantenerme en mi puesto de trabajo había hecho que no me afectará tanto la situación actual, pero los riesgos que me rodean son mayores y pueden ser muy negativos. Pero siempre es importante hacer lo que se pueda, el lugar donde se esta es lo de menos.

El pasado intento abrir viejas heridas que pensé ya estaban cerradas, creo que solo tendré que aceptar y aprender a vivir con la cicatriz. Comprobé que es cierto aquello que dicen que, perdonar también es decir adiós. Eso sí, que bien se siente decir ese adiós y decirlo con paz, sin rencores tras el adiós, sin ese sentimiento de que algo esta incompleto y deseando lo mejor con sinceridad más que por compromiso.  

Empezamos un mes crucial, esperemos que al final hayamos visto la luz y estemos cerca de normalizar nuestras vidas, eso sí, dando todos esos abrazos pospuestos, teniendo todas esas conversaciones pendientes cara a cara y manteniendo presente las lecciones que nos deje esta crisis. Mientras tanto, queda buscar el mejor refugio para poder llevar estos días, en mi caso, charlas con quienes me acompañan, leer, escribir y la música.

¿Cuáles han sido tus refugios en estos días?

Tu iniciativa.
Las miradas a distancia.
Los silencios que hablan.
Tus abrazos.
Las llamadas de madrugada.
Que me sostengas de la mano.
Las sonrisas de complicidad.
El karaoke en el auto.
Los secretos que guardamos.
Que aparezcas de sorpresa.
El “te acompaño hasta que termines”.
Las copas de vino.
Los debates nocturnos.
Tu mirada que irrumpe mi concentración.
Tú…

Febrero 2020

A pesar que los días faltantes del mes son pocos, eso nos hace mentalizarnos que el transcurrir del mes pasa rápidamente, bueno, así lo siento yo. Incluso con esa rapidez, mi febrero estuvo cargado de mucha actividad, muchos sí, aceptación, sorpresas y encuentros.

Me dediqué mucho tiempo a mí misma, era algo que necesitaba, para procesar, apartar miedos y aceptar. Me decidí a retomar mis estudios, una nueva maestría, esta era una decisión que estaba tomada pero aplazada por situaciones que a veces nos absorben nuestra energía y nuestra paz. Me fui a descubrir algunos lugares, de la mejor forma, de aquella en la que descubres cada rincón, su gente, sin medidas de tiempo y sin itinerarios. En ese tiempo a mí misma, me aleje algunos días de redes sociales, tampoco pude publicar mucho por acá, pero eso sí, de todo lo vivido, vengo con nuevas ideas e historias que compartirles.  

Logré finalmente soltar, situaciones y sobre todo a ciertas personas, a otras me toco darles un alto, dándoles la verdad para que avanzaran y me dejaran avanzar, con ello saqué un par de piedras de mi maleta, ahora me siento más liviana, encontré la paz que perdí desde hace meses, eso también me llevo a sacar el coraje para lograr tomar decisiones, para decir sí, para abrir puertas a personas.

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Me gusta – Parte II

Compartir con mi familia. El mar. La sensación de arena bajos mis pies. La música. Los conciertos. Las fotos blanco y negro, la fotografía en general. Mi cámara. Reuniones con amigos. Escribir a pluma y papel. Escribir de madrugada. Contacto visual y sonrisas a distancia. Las sonrisas sin palabras. La sinceridad y la verdad. Manejar sola de noche. El acento de los españoles. El italiano. La luna. Escuchar historias de personas que no conozco. El silencio de la noche. La alegría de mis sobrinos. Las guitarras. Dormir escuchando música. Canciones de Frank Sinatra, Dean Martin y Andy Williams. Cuando un bebé sostiene mi mano. La luna llena. Abrazar. Abrazos inesperados. Abrazos apretados. Los besos robados. Pequeñas mordidas durante los besos. Los Museos. Los jardines amplios. Las casas blancas. El Bossa Nova y el Jazz. Las grandes ciudades. El teclado bajo mis dedos. Llaveros. Pintar las paredes de mi casa. Los aviones. Los vuelos nocturnos. Mi perro, su mirada. Mis gatos, su ronroneo cuando alguno duerme sobre mi y que me reciban como perros. Dusty blue de Charles Bradley. Mensajes de afecto inesperados. Los mensajes de madrugada. Las palmeras. La satisfacción de mis pacientes. Los perfumes. Los lapices labiales. Leer un libro, las librerías. El abrazo de un niño. Aroma a café. Leer un periódico. Leer blogs. Los poemas.

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No me gusta – Parte II

Pensar que algún día mi madre me hará falta. Todas las cosas que no pude compartir con mi padre. La soledad en espacios cerrados. Esperar sola. Comer sola fuera de casa. Las mentiras. Los engaños. Las despedidas. Los falsos amigos. Que me digan que miento, que no crean en mi. Aquellos que juzgan sin conocer. Que me tengan que decir algo y no me lo digan. Los estereotipos. Que interpreten como debilidad la sensibilidad. Mi voz al cantar. Las cosquillas. Los pellizcos. Mi cabello rizado. Mis muñecas. Titanic. Los pitufos. Las Kardashians y Bad Bunny. Facebook. Bloquear. Preguntas matemáticas inesperadas. La química. Caminar descalza, con excepción en la arena. Debates sobre temas religiosos. Las comidas con coco. Las galletas de jengibre. Los caramelos. El color naranja. Las fragancias de goma de mascar. El estampado de serpiente. Relámpagos sin lluvia. Los sismos. El grito a un niño, que me griten a mí. El que es capaz de arrancar una vida. Arañas, hormigas. El 90% de los insectos. Cualquier animal con más de cuatro patas. Quien maltrata un animal, las fotos de animales maltratados. Que le griten a mi perro.

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Maravillosamente caótico

Últimamente he perdido el rumbo, me aleje de mucho, sobre todo de mi fe y la confianza en las personas. Si tuviera que describir este año, creo que lo mejor sería llamarlo maravillosamente caótico. Con 31 años, hice cosas que jamás pensé que haría, actué de manera liberadora y sincera, la ingenuidad me sobrepaso y resulte en ese 0.01% de probabilidades de que algo salga mal. Resultado de todo esto… Me dieron la espalda, mentiras y afrontar ese 0.01 % sola.

Nunca me ha gustado tocar temas religiosos, soy católica, o bueno, lo era, ahora mismo no sé que soy. Siempre respete todas las religiones, acepte a personas de todas las religiones, incluso cuando algunos me juzgaron por no compartir sus pensamientos. Pero este año, justamente un devoto de X religión, me hizo dudar de mis creencias, me ha hecho juzgar. Cuestiono el cómo una persona que predica, que se jacta de realizar “buenas acciones” en nombre de aquella religión, que te quiere guiar en “el camino correcto”, al final, termina mintiendo, engañando y no demuestra el mínimo interés por una de las cosas mas preciadas que puede existir, una vida. Conocí la mejor y la peor versión de aquella persona, y al final, te percatas que por más que tratas, no terminas de cerrar el capítulo, tal vez nunca pueda hacerlo y solo termino agregando más piedras a mi maleta.

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