Los detalles en la simplicidad

Sentarse y contemplar el paisaje frente al mar. Las sonrisas de complicidad. Las miradas tímidas y hablar entre miradas. Los abrazos inesperados y apretados. Los amaneceres y las puestas de sol. Los cantos en el auto. Las conversaciones nocturnas. Los andares silenciosos. Las melodías a guitarra. Los momentos entre amigos. Esa charla como si el tiempo no hubiera pasado después de un largo tiempo sin ver a ese amigo. La cena a la mesa en familia.

Cantar a todo pulmón tu canción favorita en ese concierto. Manejar solo en compañía de la música. Leer un libro con tu mascota en tu regazo. La compañía aún cuando no te apetezca hablar. Los bailes discretos y serenos. Cuando sostienen tu mano en señal de todo estará bien. Ojear los álbumes de recuerdos. El calor de una taza en una noche fría. Recorrer a pie tu calle favorita. Las sábanas recién colocadas. Petricor. La luna en todas sus fases. Un mensaje especial luego de un día difícil. Un mensaje escrito a puño y letra. Y sentir la arena bajo tus pies. 

Y ti, ¿qué simplicidad te hace feliz? 

Detalles

Llega un punto en que ves la vida con otra perspectiva, lo que hace algún tiempo te parecía importante, pasa a segundo plano. Entonces empiezas a disfrutar de los momentos, de las personas, los que están, los abrazos, las palabras, la atención y el estar. Aprecias que las lejanías se hagan cortas, la conexión con el otro, que te escuchen más que te oigan. Apuestas por las experiencias y por crear nuevos recuerdos. Empiezas a agradecer los pequeños detalles, al final son esos los que te hacen vivir, pero sobre todo, los que te hacen sentir.