Somos de todos lados

Hace unos días regrese después de 12 años, a un lugar en el que estuve durante un mes. En aquella ocasión fue por una labor social iniciando mis estudios universitarios, desde hace un par de años tenía en mente regresar, hasta que finalmente me decidí. Esa vez, trabaje con niños y adolescentes, por lo que pensé que tal vez no me recordarían. Para mi sorpresa estaba equivocada, desde que llegue, una madre de uno de los adolescentes me reconoció de inmediato, incluso muchos de los niños que estuvieron a mi cargo también me recordaban. Uno de ellos me dijo que, les quedó grabado como a pesar de su situación de pobreza, les reafirmé que de proponérselo podrían lograr una carrera para mejorar su calidad de vida, de hecho varios ya están encaminados en ello.

Amigos de la infancia, compañeros de la universidad, con los cuales perdimos contacto, otros que, simplemente ya no están. Nos recordarán como estudiantes, como profesores, como turistas, como clientes. Los trabajos en los que hemos estado, el personal del restaurante que siempre frecuentamos, familiares que ya partieron, viejos amores, simples conocidos, esa persona que te presentaron ese día y de la cual no supiste más, o incluso, aquel extraño con quien solo compartiste una charla durante un instante. Tal vez sean incontables las personas y lugares que pasen por nuestra vida, lo cierto es, vamos dejando parte de nosotros en cada una de esas personas, en poca o gran medida, así como también nos va quedando a nosotros de ellos. Algunas las olvidamos, incluso por años, pero siempre llega ese punto en que de lo más profundo de nuestra memoria despierta el recuerdo. A veces lo que queda son sin sabores, pero en general creo que son momentos más amenos, aunque como me dijo una persona hace unos días, nosotros decidimos que parte recordar y como recordar a cada quien.

Vamos dejando rastros de lo que somos. Aquel hola por primera vez, esa palabra hiriente, nuestra personalidad, los consejos que brindamos, las charlas y momentos que hemos compartido, y hasta simplemente por el estar o escuchar. Un extraño puede recordarnos hasta por una mirada o una sonrisa. Somos de todos lados, de todos aquellos con quienes cruzamos camino, de todos los lugares por los que vamos de paso, cientos de personas se acordarán de nosotros, tratemos que esos recuerdos sean de los buenos, que cuando nuestro nombre llegue a la memoria de esa persona, venga acompañado de una sonrisa.

Nuestras cámaras

Dicen que los mejores momentos quedan grabados en nuestras memorias no en una cámara, pero también es cierto que a veces son esas fotografías guardadas en nuestras cámaras que nos sacan una sonrisa y nos hacen recordar. Hace una semanas retome mi relación con mi cámara, luego de un abandono de meses.

Les ha pasado que son buenos en algo, pero hay alguien a su lado que les gusta lo mismo, no es tan bueno y para no hacerlos sentir mal prefieren dejar de hacer eso que les gusta. Sí, esta mal, en un error eso hice yo, y aunque nunca dejé de tomar fotos con mi celular, si hice de lado la cámara, algo que ahora lamento haber hecho ya que al retomarlo nuevamente solo me hizo corroborar que es algo que realmente disfruto. Considerando que se acercan grandes acontecimientos decidí que ya era hora de darle fin a la separación. Fue allí cuando desempolve uno que otro recuerdo.

En nuestras cámaras quedan momentos que de momento están adormecidos en nuestras memorias; rostros, algunos que ya no siguen con nosotros por distintas circunstancias; lugares, donde compartimos, reímos o lloramos. A veces decidimos borrar las pruebas de esos momentos, personas o lugares, creemos que así se esfumarán de nuestras vidas. Prefiero dejar esas fotos allí guardadas, en ese instante capté la mejor versión de aquellas personas cuando estuvieron a mi lado o lugares donde fui feliz, sin importar cual haya sido el final de cada historia, en su momento hicieron parte de mi historia una feliz. Las cámaras son testigos de esas historias, de nuestras aventuras pasada y las que está por empezar, de los amores que están y los que se han ido, nuestros seres queridos y de nuestros propios cambios, crecimientos y desaciertos.